Política

DEBATES EN LA IZQUIERDA

La crisis nacional y el planteo de una asamblea constituyente

A propósito de los debates actuales en la izquierda frente a la crisis. Los pactos a espaldas del pueblo trabajador para garantizar el saqueo y el lugar de la consigna de Constituyente en la lucha por un gobierno de los trabajadores.

Martes 11 de septiembre | 19:15

Macri y el FMI responden a la crisis hundiendo al país en la recesión, aumentando la desocupación y la pobreza, atacando la educación, la salud, las jubilaciones. El saqueo está en pleno desarrollo. Todos los partidos del régimen, sirvientes de los capitalistas y el FMI, están negociando a espaldas del pueblo trabajador un pacto de ajuste, miseria y desocupación para financiar la fuga de divisas, el pago de la deuda pública fraudulenta y las ganancias de todos los que están saqueando el país. Macri y todos los gobernadores, del PRO, radicales, del PJ, incluida Alicia Kirchner, junto con los Pichetto y los Massa, protagonizan una verdadera conspiración contra las grandes mayorías alrededor del presupuesto 2019.

Se anticipa este semestre una de las peores caídas históricas del consumo popular en alimentos, bebidas, etc., con un dólar a 40 pesos y una inflación que está devaluando brutalmente los salarios. Mientras tanto los burgueses ponen el grito en el cielo ante la mera idea de un aumento de menos del 1% del impuesto que grava la riqueza (bienes personales) en el exterior. No tienen vergüenza. Como mínimo tendría que imponerse un impuestazo a las grandes fortunas que esta minoría acumuló con la explotación ajena, la evasión y la especulación, no solo a los 120 mil millones de dólares que blanquearon, sino al conjunto de los 400 mil millones que fugaron, buena parte de los cuales los tienen en paraísos fiscales. Pero a ninguno de los partidos del régimen se les pasa por la cabeza una cosa así, son agentes a sueldo (millonario) de los capitalistas, están comprados, tienen dueño, por eso las cuentas que hacen son para sacarle el plato de comida de la mesa a los trabajadores.

Los burócratas sindicales tienen el mismo patrón, por eso la CGT y Moyano le vienen dando una tregua escandalosa al gobierno, que quieren combinar con paros domingueros. Son los que le sostienen la bandeja a Macri y los gobernadores mientras planifican el saqueo. Los kirchneristas se entretienen parloteando contra Macri en la TV, mientras en los sindicatos entregan los derechos de los trabajadores como en telefónicos, le garantizan la paz social al gobierno como en el Subte, o entregan la enorme lucha universitaria traicionando por migajas a los miles de docentes y estudiantes movilizados.

Tenemos que decirles basta. Como hicimos el 14 y 18 de diciembre del año pasado contra la reforma previsional. Pero para derrotar efectivamente este pacto contra el pueblo trabajador tenemos que ser muchos más, necesitamos un paro nacional activo de 36 horas y un plan de lucha que culmine en una huelga general donde copemos la Plaza de Mayo por millones, y las principales plazas del país.

El movimiento de masas en la Argentina ya mostró que es capaz de tirar gobiernos saqueadores, como hizo con De la Rua. Pero no nos puede volver a pasar lo que sucedió en 2001, cuando aún habiendo volteado al gobierno con la movilización popular los partidos del régimen maniobraron para terminar imponiendo a Duhalde que trajo otro nuevo saqueo con la megadevaluación del salario y los asesinatos de Kosteki y Santillán. Por esto es fundamental que el Frente de Izquierda, con toda su militancia, con sus bancas de diputados, legisladores, concejales, referentes del movimiento obrero, estudiantiles, y figuras públicas en todo el país desarrolle una enorme agitación por imponer una Asamblea Constituyente libre y soberana para que desde ahora sea tomada por sectores cada vez más amplios de masas.

Una Asamblea Constituyente contra el saqueo y los pactos “por arriba”

El Frente de Izquierda (FIT) plantea claramente que la crisis la tienen que pagar los capitalistas, que hay que imponer el no pago de la deuda pública, la nacionalización de la banca, el monopolio del comercio exterior, entre otras medidas que sean parte de un plan de conjunto para frenar el saqueo y reorganizar la economía en favor de los intereses de las grandes mayorías, y para ello conquistar un gobierno de los trabajadores y el pueblo impuesto por la movilización de los explotados y oprimidos.

En este marco, se viene desarrollando en el FIT un debate sobre la necesidad de agitar la consigna de Asamblea Constituyente, como parte de este programa para derrotar al gobierno saqueador de Macri y a este régimen político podrido. ¿Por qué desde el PTS le propusimos a los partidos del FIT levantar Constituyente? ¿En qué consiste nuestro planteo?

Somos socialistas. Estamos por expropiar a los capitalistas y peleamos por una democracia muy superior a la más democrática de las repúblicas burguesas, por una república organizada a través de Consejos de delegados electos por unidad de producción (empresa, fábrica, escuela, etc.) para que gobiernen los trabajadores en el sentido más amplio del término: definiendo el rumbo político de la sociedad así como la planificación racional de los recursos económicos sobre la base de la propiedad estatal de los medios de producción.

Pero sabemos que la gran mayoría de los trabajadores y el pueblo no comparten hoy esta perspectiva, y aún confían en los mecanismos de la democracia representativa y ciudadana. El pueblo trabajador, que con sus familias supera los 30 millones, ve en la democracia representativa la posibilidad, al menos aparente, de imponerse. Es la enorme mayoría de la población frente a los ricos que son una ínfima minoría, confía en el peso de su número para resolver sus problemas. Esta idea está siendo manipulada por los partidos del régimen “opositores” que sostienen que la solución va a venir en las elecciones 2019 mientras hoy pactan el ajuste con el gobierno a espaldas de las grandes mayorías.

Por eso, frente al saqueo histórico en curso y contra los pactos a espaldas del pueblo que están preparando Macri, los gobernadores, senadores y diputados de los partidos del régimen, le proponemos al movimiento obrero, estudiantil, de mujeres, a los sindicatos y organizaciones del movimiento de masas luchar por imponer la institución más democrática concebible dentro de la democracia representativa: una Asamblea Constituyente.

Desde luego, no nos referimos a una farsa de Constituyente amañada como la del Pacto de Olivos de 1994, donde se impuso el llamado “núcleo de coincidencias básicas” que establecía de antemano que solo se podían discutir detalles formales del funcionamiento del régimen pero excluyendo terminantemente cualquier reforma en los aspectos centrales que pudiera afectar a la gran propiedad capitalista en beneficio de las grandes mayorías. Claro que la pequeña propiedad la confiscan cuando les conviene como hicieron con los pequeños ahorristas en el 2001 pero los grandes capitalistas son intocables por principio divino.

Nosotros planteamos una Asamblea Constituyente libre y soberana, que sea capaz expresar verdaderamente la voluntad popular, que esté conformada por un diputado cada 20 mil habitantes, que sus miembros no formen una casta privilegiada como las que pueblan el Congreso actual sino que todos aquellos diputados sean revocables y cobren lo mismo que un docente. Una Constituyente que tenga plenos poderes para abordar todos los grandes problemas nacionales sin restricciones, que no esté limitada por ningún supuesto “contrapeso” y ninguna de las instituciones del actual régimen tenga el derecho de suspender o vetar las medidas que esta vote.

Un desafío contra el régimen burgués

Los partidos del régimen, que se llenan la boca hablando de democracia tienen miedo de una Constituyente así. Todos ellos, desde Cambiemos, obviamente, hasta el Frente para la Victoria. Temen que se les vaya de las manos y que contra el saqueo en curso se puedan resolver democráticamente medidas que afecten el corazón de los intereses capitalistas. Solo se sienten confiados con los mecanismos de la democracia representativa que ellos mismos dicen defender, mientras cuentan con toda una serie de instituciones ideadas para separar a las masas del gobierno real.

Necesitan contar con un Senado oligárquico para frenar leyes votadas por Diputados, como la de legalización del aborto donde 38 Senadores de todos los principales bloques se arrogaron el derecho de condenar a morir a cientos de mujeres por año en abortos clandestinos, mostrando al mismo tiempo el carácter clerical que atraviesa a todos los partidos burgueses. Pero incluso cuando el Congreso de conjunto llega a votar algo mínimamente a favor de los trabajadores que opinan que afecta a los capitalistas necesitan tener un Presidente con poderes cuasi monárquicos que pueda vetar esas leyes. Como Macri en 2016 con la “ley antidespidos” (que los condicionaba mínimamente) o en mayo de este año con la ínfima limitación a los tarifazos, o Cristina Kirchner con la ley de glaciares en 2008, o el 82% para los jubilados (que ni siquiera era tal) en 2010. Y si todo esto falla saben que de última tienen a la casta judicial -elegida a dedo entre el Presidente y los Senadores, con sueldos siderales y que ni siquiera paga impuestos- que tiene la potestad de decir si tal o cual ley es inconstitucional para dejarla sin efecto.

Solo con este tutelaje se sienten mínimamente seguros. Saben que una Constituyente que exprese a las grandes mayorías obreras y populares sin limitaciones ni “contrapesos” no permitiría que 4000 grandes terratenientes tengan la propiedad de más de la mitad de las tierras cultivables mientras crece la pobreza y el hambre entre el pueblo trabajador. O que los especuladores se fuguen en unos meses más de 20 mil millones de dólares, el equivalente a 6 presupuestos de todas las universidades nacionales, mientras se hunde la educación pública. O que se ajuste y se sumerja al país en la recesión para garantizar el pago de una deuda pública fraudulenta, que desde 1982 ya suma pagos por más de 500 mil millones dólares. O que el manejo del comercio exterior esté en manos un puñado de grandes cerealeras y monopolios imperialistas que saquean el país mientras los salarios se hunden por la inflación. Saben que medidas radicales como la expropiación de los terratenientes o el no pago de la deuda pública tendrían gran popularidad en una Constituyente que no esté maniatada ni tutelada por las instituciones de los capitalistas.

Los revolucionarios estamos convencidos de que cuanto más democrática sea una Constituyente como la que proponemos, más influencia tendrá nuestro planteo de que la crisis la paguen los capitalistas y de atacar los fundamentos estructurales del ajuste.

El poder de clase para enfrentar la resistencia de los capitalistas

En una de sus cartas al FIT, el PO critica que el PTS “rechazó nuestro planteo de una Constituyente con poder […] vacían a la consigna de su faceta revolucionaria que puede atraer la atención de las masas, que radica en el hecho de su poder para dar satisfacción a los reclamos populares y tomar medidas de emergencia para que la ‘crisis la paguen los capitalistas’”.

Si cuando decimos que la Constituyente libre y soberana tenga “poder” nos referimos a que no haya ninguna institución del régimen burgués que pueda limitarla, o revisar o vetar sus decisiones, a que tenga plena libertad para abordar todos los grandes problemas nacionales, los reclamos populares y medidas de emergencia para que la crisis la paguen los capitalistas y resolver en forma soberana, estamos de acuerdo. En este sentido, la Constituyente libre y soberana se propone reemplazar no sólo al gobierno sino a todas las instituciones del régimen. Otra cosa muy distinta es decir que una Constituyente tendría el poder “para dar satisfacción” por sí misma a todas estas cuestiones, lo cual implicaría necesariamente vencer la resistencia de los capitalistas.

Cuanto más una Constituyente libre y soberana avance a tomar medidas radicales mayor será aquella resistencia. La Asamblea Constituyente, como decía Trotsky, es “la forma más democrática de la representación parlamentaria”, pero el Estado capitalista está basado en un ejército, en unas fuerzas represivas que tienen un carácter de clase, burgués, y que nadie debe esperar que acepten pacíficamente ninguna decisión que vaya verdaderamente contra los capitalistas, por el simple hecho de que la burguesía y el imperialismo tampoco las aceptarán.

No hace falta remontarse al golpe militar de 1976 para ser conscientes de esto. Si en el 2008 la burguesía agraria, simplemente ante la amenaza de la suba de las retenciones, estaba dispuesta a “incendiar” el país, no es necesaria mucha imaginación para pensar cuál sería su respuesta si se avanzara en una medida radical como la expropiación de los 4000 principales terratenientes, la cual es indispensable si queremos que la crisis la paguen los capitalistas. Que no quepa duda de que se levantarán en armas, con todas las fuerzas militares, policiales y paraestatales que puedan movilizar contra la Constituyente o cualquier organismo que tome una medida como esa.

La cuestión es que el conjunto de medidas para que la crisis la paguen los capitalistas tienen aquel contenido radical. El saqueo no se frena con subsidios al transporte y la energía, con un poco más de retenciones al agro o con una renegociación de la deuda pública, sino con medidas que liquiden los fundamentos estructurales del ajuste (la subordinación al imperialismo y la deuda pública, la propiedad terrateniente, la apropiación privada de los grandes ahorros nacionales, el manejo del comercio exterior por un puñado de grandes conglomerados capitalistas, etc.).

Ahora bien, cuanto más abierta sea la resistencia de los capitalistas a las resoluciones democráticas de una Constituyente, también más quedará expuesta ante las masas la mezquindad de la democracia representativa que los capitalistas están dispuestos a aceptar, y mayores serán los sectores del movimiento de masas que lleguen a la conclusión de que es necesario construir un verdadero poder propio del pueblo trabajador y un partido revolucionario con influencia de masas que pueda dirigir ese proceso.

El desarrollo de la experiencia del movimiento de masas

En este sentido, el planteo de Asamblea Constituyente cumple una enorme función pedagógica para organizar a las masas alrededor de una salida de conjunto antiimperialista, anticapitalista y verdaderamente democrática, así como para fortalecer un partido revolucionario que las impulse hacia adelante en la lucha. Se trata de una cuestión clave porque como señalaba Lassalle en su clásico folleto ¿Qué es una Constitución?: “El instrumento de poder político del rey [hoy el Poder Ejecutivo], el Ejército, está organizado, puede reunirse a cualquier hora del día o de la noche, funciona con una magnífica disciplina y se puede utilizar en el momento en que se desee, en cambio, el poder que descansa en la nación, señores, aunque sea, como lo es en realidad infinitamente mayor, no está organizado”.

La gran potencialidad de una Constituyente libre y soberana consiste, por un lado, en la posibilidad de agitar y convencer, en forma infinitamente más amplia que en el parlamento “normal”, a sectores de las grandes masas de la necesidad de imponer las medidas radicales necesarias para frenar el saqueo.

Y por otro lado, en que en la lucha misma por imponer esas medidas frente a la resistencia legal (Fuerzas Armadas y de Seguridad) y paralegal (patotas y bandas fascistas) del orden burgués, sectores cada vez más amplios del pueblo trabajador hagan hasta el final su experiencia con la democracia representativa y vean la necesidad de organizarse desde las empresas, fábricas, el transporte, las escuelas, las facultades, etc. para desarrollar sus propios organismos democráticos de poder –los Consejos surgen justamente de esta forma- y sus propias organizaciones de autodefensa.

Una estrategia de acción no de especulación

Como parte de estos debates sobre Asamblea Constituyente, el PO plantea en una de sus respuestas que “para que ésta sea realmente una consigna de poder debe ir precedida de la consigna ‘fuera Macri y todo el régimen corrupto de kirchneristas, pejotistas y macristas’”. Este planteo tendría una intención polémica con el PTS, a pesar de que en nuestra carta original sosteníamos que: “nuestro planteo no sólo parte de terminar con este gobierno hambreador y entreguista sino también con el régimen político y social sobre el que se basa”. Entendemos que la diferencia en este punto, dejando de lado el aspecto formal del asunto y la cuestión táctica sobre el momento adecuado de plantear la caída de Macri y todo el régimen por la vía de la movilización, está en si la Constituyente “deber ir precedida” o no por aquel planteo.

Trotsky aborda esta misma cuestión en sus escritos sobre China desde un enfoque muy diferente al del PO. Allí sostiene: “Si en la hora de su derrota el gobierno del Kuomintang [partido nacionalista chino a la cabeza del gobierno militar de aquel entonces] trata de convocar algún tipo de asamblea representativa, ¿cuál será nuestra actitud? Es decir, ¿cómo aprovecharemos mejor la situación en interés de la revolución, boicoteando las elecciones o participando en ellas? ¿Lograrán las masas revolucionarias formar un orga¬nismo gubernamental independiente que convoque a una asamblea constituyente? ¿Logrará el proletariado crear soviets en el curso de la lucha por las consignas democráticas? ¿La existencia de soviets hará superflua la convocatoria a una asamblea constituyente? No es posible responder estas preguntas de antemano. Pero nuestra tarea no consiste en hacer predicciones mirando el calendario sino en movilizar a los obreros alrededor de las consignas que surgen de la situación política. Nuestra estrategia es de acción revolucionaria, no de especulación abstracta” (subrayado nuestro).

Poco tenía que ver esta aproximación de Trotsky con la que propone el PO. Para el revolucionario ruso la cuestión pasa por las posibilidades que plantea una Asamblea Constituyente desde el punto de vista de la acción revolucionaria. Ahora bien, en el planteo del PO, ¿quién va a destituir hoy a Macri y a todo el régimen político previamente a la convocatoria a una Constituyente? Vista la seguridad y el carácter terminante de su planteo, el PO debería poder responder sin problemas esta pregunta. Pero la verdad es que no tiene una respuesta, porque no la hay aún en la realidad. Lo que demuestra esto es que la forma que PO quiere darle a la consigna de Constituyente no es más que propagandística y electoralista, ya que no la propone como un desafío real y concreto frente al régimen burgués hoy.

Para nosotros, al contrario, en esto consiste justamente el papel urgente del planteo de Constituyente. Al tiempo que sostenemos la necesidad de un paro nacional activo de 36 horas y un plan de lucha que culmine en una huelga general hasta derrotar a Macri, al FMI y todos sus cómplices, planteamos agitar lo más ampliamente posible y por todos los medios disponibles la consigna de Asamblea Constituyente como desafío al régimen y a todos los que inoculan el veneno de que las luchas actuales sólo deben proponerse objetivos parciales, defensivos, mientras que la solución de fondo será optar entre una u otra variante capitalista en las elecciones presidenciales del 2019.

Desafiamos a todos los que se dicen demócratas a aceptar este mecanismo de la propia democracia representativa para que se exprese la voluntad popular, a hacer una Constituyente libre y soberana con un diputado cada 20 mil habitantes, que sean revocables en todo momento y que cobren como una maestra. Acá se encuentra la clave de la discusión y la encrucijada que esta encierra para el Frente de Izquierda y para el desarrollo de la lucha por derrotar al gobierno de Macri, al régimen burgués y frenar el saqueo capitalista en curso.







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