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La Nación pide represión a las protestas de maestras, movimientos sociales y la izquierda

“Piquetes de la extorsión” titula su editorial, apuntando a movimientos sociales, maestras y al Frente de Izquierda. Con olfato de clase, pide acción a las fuerzas de seguridad y la "justicia" para lo que viene.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Viernes 14 de septiembre | 10:48

Para el diario de los Mitre las escenas de protesta que se vivieron este jueves en la Ciudad de Buenos Aires fueron una afrente difícil de digerir. No solo por el hecho en sí, sino porque el olfato les indica que el paisaje en la próxima etapa se parecerá cada vez más a esa jornada.

“Piquetes de la extorsión”. Es cierto que no es nuevo. Debe ser uno de los títulos más repetidos del diario. En este caso apunta contra los movimientos sociales que instalaron ollas populares en distintos puntos de la ciudad, pero también apuntó contra “ATE, la CTA Autónoma, Suteba, el Frente de Izquierda”.

El editorialista se cuida de no citar una de las causas de las protestas: el hambre que denuncian las organizaciones barriales, que aumenta al ritmo de la inflación; el brutal ataque a la maestra Corina de Bonis en Moreno, por darle de comer a sus alumnos que la gobernadora tiene de rehén; el reclamo de los obreros del Astillero Río Santiago que no reciben insumos para trabajar. O sea, decenas de miles de trabajadores extorsionados por el Gobierno.

Para La Nación, “varias son las razones que nos llevan a afirmar que se ha excedido el derecho de peticionar ante las autoridades. La primera, que el diálogo sigue abierto. La segunda, que fue una protesta orquestada. Tercero, ha quedado clara la intencionalidad política de profundizar el malestar”. Uno podría contestar: primero, justamente el Gobierno no dialoga ni da respuestas ni a los desocupados y cooperativistas, ni a los maestros y estatales. Segundo, ante un Gobierno que orquesta con el FMI y los gobernadores un plan de ajuste, ¿cuál sería el problema que los de abajo orquesten una respuesta? Tercero: el que está haciendo todo para profundizar el malestar es el Gobierno y sus medidas, las conducciones sindicales y sociales más bien tratan de contener.

Pero la indignación y los argumentos, como no podía ser de otra manera, terminan en el mismo reclamo de siempre: “Resulta inexplicable que las fuerzas de seguridad y la Justicia Contravencional no hayan podido evitar ese copamiento total del espacio público, de manera de garantizar los derechos de todos los ciudadanos por igual. Es necesario poner un límite al desborde cotidiano. Medir la solución con la vara del costo político que implica hacer respetar la ley no admite ningún tipo de justificación”.

Un llamado claro a la represión y la criminalización de la protesta. A La Nación no le parece suficiente lo que hizo la Policía Bonaerense con los obreros del Astillero, ni la de la Ciudad con los estatales de Agroindustria. Ni siquiera las bandas paraestatales que parecen haber actuado en el caso de Corina en Moreno. Se necesita orden, justo en el momento en que el Gobierno está en un pozo de impopularidad como para andar repartiendo palos.

“En democracia, la política se debe hacer en las instituciones, no en la calle” nos reta la tribuna de doctrina de la oligarquía. Aunque en su historia acostumbró a golpear las puertas de los cuarteles para voltear esas instituciones que dice defender.

Pero hay que reconocer que lo hace con olfato de clase. Sabe que las cosas no están bien y el gobierno está haciendo todo para empeorarlo. A La Nación le preocupa que “el caos irá creciendo”. Y marca un punto clave: “Cuando el gobierno y la oposición en nuestro Congreso se aprestan a empezar a transitar la senda de la aprobación del próximo presupuesto nacional”.

Todo indica que la votación del Presupuesto 2019, que pide el FMI y negocian los gobernadores peronistas, puede desatar protestas y movilizaciones.

La Nación, con alguna experiencia histórica, se prepara para jornadas más agitadas. Y pide mano dura. Porque “ni el Estado ni la sociedad pueden aceptar convertirse en rehenes de barras bravas de la política, del gremialismo o de movimientos sociales o políticos”.

Por eso aconseja a los barra bravas de las fuerzas de seguridad y las patotas a sueldo que afilen los dientes.

Contra estas amenazas, hay que defender las libertades democráticas y el derecho de protesta.







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