Economía

REUNIÓN EN BUENOS AIRES

G20: Macri, sin acuerdo comercial Mercosur-UE ni garantías de que la cumbre no fracase

En la previa de la reunión de presidentes y primeros ministros que tendrá lugar hoy, Macri recibió la confirmación por parte de Macron de que no habría acuerdo comercial en lo inmediato.

Esteban Mercatante

@EMercatante

Jueves 29 de noviembre | 23:48

Por primera vez, Buenos Aires será sede hoy de una reunión presidencial del G20, el club de los países que se han asignado a sí mismos la tarea de coordinar la gobernanza global.

La reunión, que es el punto culmine de una serie de encuentros que tuvieron lugar en el país durante todo el año, se realiza en ele país como resultado de la votación realizada en la cumbre anterior, que tuvo lugar en 2017 en Hamburgo, Alemania.

¿Qué es el G20?

Este foro, integrado por 19 países más la Unión Europea, se autodefine como una instancia de “cooperación internacional”. En el marco del mismo se reúnen los líderes del poder ejecutivo de los países miembros, y además se realizan reuniones especiales de los ministros de hacienda y finanzas, autoridades de bancos centrales, e incluso realizan sus propias reuniones en el marco del G20 desde el sector empresario.

El nacimiento formal del G20 fue en Colonia del 18 de junio de 1999. Allí transcurría entonces la cumbre de líderes del G7, club bien selecto integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, es decir las principales potencias imperialistas. Con el objetivo de “trabajar juntos para establecer un mecanismo informal para el dialogo entre los países sistémicamente importantes”, decidieron crear esta nueva instancia más amplia que junto a los países antes mencionados incorpora a China, India, Brasil, Corea del Sur, Rusia, Australia, México, Indonesia, Turquía, Arabia Saudita, Argentina y Sudáfrica, más la Unión Europea. El Estado español no es miembro pero es invitado a las reuniones.

En los tiempos finales del gobierno de Menem, que alimentó la farsa de que la Argentina estaba pasando a formar parte del “primer mundo”, la inclusión del país en este club alimentaba la idea de que los líderes del país podían jugar un rol de liderazgo planetario. Pero en el terreno en el que la Argentina era líder, era en el de la implementación “sin anestesia” (como dijera el entonces presidente) de las políticas de apertura económica y privatización de empresas de servicios públicos. La aplicación de este “combo” neoliberal transformó al país en el “mejor alumno” del FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (que sesionará en el país el próximo 8 de diciembre) y le valió el premio de su incorporación en el G20. El precio a pagar fue la profundización de los desequilibrios macroeconómicos que estas políticas magnificaron, junto con el masivo endeudamiento externo (y la fuga de capitales que era su contracara). El resultado fue la depresión económica y el colapso de diciembre de 2001.

Aunque creado en 1999, el G20 tuvo su primera cumbre recién en noviembre de 2008. Fue después de la quiebra de Lehman Brothers, cuando la economía global y el comercio internacional registraban la caída más severa y acelerada desde la Gran Depresión de 1929.

El impulso de esta instancia por parte de los EE. UU. apuntaba en ese momento a a incorporar a algunas economías relevantes a escala mundial o regional/continental, en la implementación de medidas conjuntas para contener la expansión de la crisis. Sobre todo, apuntaba a evitar que primaran ante la crisis medidas unilaterales (como podía ser reaseguros bancarios nacionales, ajustes cambiarios, proteccionismo) que pudieran actuar a expensas de mayor inestabilidad global. Se trataba de evitar que nadie tomara medidas unilaterales, que todos los Estados se comprometieran a mantener la apertura del comercio y de los capitales, y que nadie sacara los pies del plato del ordenamiento económico mundial que tiene al estado norteamericano (y a su moneda, el dólar) como pivote central aunque con tendencia declinante.

El G20 le otorga un cariz deliberativo, o más “democrático”, a lo que son instancias donde las potencias imperialistas marcan la agenda.

Ahora, al país le toca presidir por primera vez una cumbre del G20. Se trata de un premio a Mauricio Macri por el retorno a la aplicación entusiasta de las políticas económicas en línea con lo que exigen los organismos multilaterales que custodian la apertura comercial y de capitales y la desregulación como el FMI y la OMC, así como los jefes de Estado de las grandes potencias.

Una reunión que escenifica la crisis del orden mundial

Como viene ocurriendo con varios de estos encuentros de presidentes en los últimos tiempos, la cumbre del G20 en Buenos Aires estará signada por la intrascendencia. El mayor éxito que se espera lograr es que haya un documento final, una declaración insulsa de no más de cuatro páginas, con alguna declaración general que no rechace el libre comercio y exprese la vocación de los líderes por la "integración mundial". Si eso se logra sin que el mandatario estadounidense Donald Trump se retire antes, Macri podrá darse por satisfecho.

Pero hay dos antecedentes recientes que no son favorables a esta perspectiva: las cumbres del G7 y del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) concluyeron sin declaración final, marcadas por las diferencias (centralmente entre EE. UU. y China) en materia comercial.

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Lo más importante que podrá pasar en esta cumbre del G20 no tendrá lugar en la reunión general, sino en los mano a mano que puedan darse entre los presidentes algunas de las potencias. Hay una gran expectativa, alimentada por el propio Trump, sobre la posibilidad de alcanzar con Xi Jinping algún entendimiento acorde a las demandas de EE. UU. que permita arribar a alguna tregua en las disputas comerciales que precupan a todos los países. Acá Macri no será ni siquiera un actor de reparto.

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Desaire de Macron

Hasta hace algunas semanas, no faltaban quienes reprodujeran las versiones sobre la posibilidad de que durante el encuentro en Buenos Aires se pudiera rubricar un acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. Es lo mismo que Macri había ambicionado un año atrás, cuando la Organización Mundial del Comercio tuvo su reunión en el país.

Pero esta posibilidad fue descartada por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, apenas bajó del avión. El motivo sería esta vez las dudas sobre el compromiso del presidente electo de Brasil Jair Bolsonaro, respecto de las pautas ambientales comprometidas por los países firmantes del Acuerdo de París. Macron afirmó que no está "dispuesto a aceptar convenios comerciales con países que no respeten el acuerdo de París, por una razón sencilla: porque esto significa que me coloco en una posición de pedirle a mis actores económicos que se adapten al acuerdo de París, pero por otro lado firmaríamos con países que no respetarían el acuerdo”. No dejó de señalar que también hay otro tema, que hace tiempo explica las reticencias de Francia y otros países europeos respecto del acuerdo, que son las “diferencias en temas agrícolas”, por los subsidios que le otorgan a sus productores y la reticencia a abrir las barreras comerciales en esos rubros.

El amigo americano

En medio de tanta incertidumbre y reveses, en la previa de la cumbre Macri recibiò un regalo por parte de Trump. En estos tiempos de urgencias financieras, los EE. UU. anunciaron el otorgamiento de un crédito por USD 813 millones, para ser utilizado en obras de infraestructura.

Es un vuelto comparado con los dólares que viene perdiendo el país por fuga de capitales y los compromisos de deuda, pero tiempos de vacas flacas, todo suma dirá Macri seguramente.

Mondo bizarro

La invasión de la ciudad que tendrá lugar hoy y mañana, y que ya durante toda la semana estuvo trastornando el tránsito para los trabajadores y los sectores populares para permitir el despliegue de los grandes líderes y su ejercito de funcionarios, espías, fuerzas de seguridad, etc., llega para escenificar en el país las grandes divergencias que se desarrollan entre las potencias sobre cómo hacer para que los efectos duraderos de la crisis mundial iniciada hace 10 años no amenacen el dominio global del capitalismo y los beneficios de las grandes corporaciones. Esto amenaza transformarse cada vez más en una pelea entre potencias, de unos contra otros.

Ningún éxito o fracaso de esta cumbre traerá nada bueno para la clase trabajadora del país ni para los pueblos oprimidos de todo el mundo. Por eso el Frente de Izquierda convoca hoy a la movilización para rechazar la presencia del G20 en el país.







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